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El Caso del Monte Karzovik (Parte 1): El Contrato de Muzkan

  Expediente Sever: Incidente del Monte Karzovik

  Estado: Desclasificado

  Sujeto: Dmitri Volkov, expolicía de Muzkan

  Cargo anterior: Expulsado por abuso de poder y exceso de fuerza

  3 de octubre de 1986

  Una carta con el sello de Medical Next Generation (MedicN.G.) llegó por el correo no oficial; alguien la deslizó por debajo de la puerta de mi departamento a las tres de la ma?ana. No tenía remitente, solo una dirección en la capital y una oferta muy tentadora que un hombre con mis antecedentes no podía rechazar.

  ?Me ofrecían el cargo de personal de contención y seguridad en un complejo privado. La paga era algo que nunca había visto antes. En ese momento, no sabía que estaba firmando mi sentencia de muerte psicológica.

  5 de octubre de 1986

  ?Llegué a la capital, Muzkan, portando el uniforme viejo y gastado que usaba en aquellos meses cuando aún era policía. El edificio de la empresa era una estructura de apenas dos plantas, extra?amente peque?a comparada con las grandes torres de la ciudad. Sin embargo, al cruzar la única puerta de entrada, el ambiente cambió drásticamente: el aire se sentía distinto, cargado con un olor a desinfectante caro y una limpieza obsesiva que rozaba lo insalubre.

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  ?Mientras esperaban sentados en un sillón de una marca de lujo que jamás había visto, observé las instalaciones. Las paredes eran de un blanco quirúrgico que lastimaba la vista bajo las luces intensas de la sala; el suelo, de un color cian profundo, generaba un contraste violento con el resto del lugar. Casi no había personal humano a la vista, salvo por la recepcionista a la que podía observar a través de una pared de vidrio. Lo único que rompía el silencio era el zumbido de una calefacción que intentaba, sin mucho éxito, elevar la temperatura del lugar.

  ?—Se?or Dmitri Volkov, pase a la oficina A-3 —anunció una voz joven a través del parlante.

  ?Allí me recibió Viktor Dragunov, el director de la instalación. Su presencia me daba impulsos de huir; Tenía la mirada de un psicópata que había aprendido a usar traje. Sabía absolutamente todo sobre mí: mi expulsión de la policía por exceso de fuerza, el nombre del civil al que le rompí el brazo e incluso el monto exacto de mis deudas por las demandas en mi contra.

  ?—El sueldo es de 600 Navores —dijo sin rodeos.

  ?Esa cifra era una fortuna; un oficial de alto rango apenas ganaba 400. Aunque mi instinto —ese que siempre me había salvado del peligro— gritaba que aceptar aquel trabajo era un suicidio, lo hice. Viktor extrajo el contrato de uno de los cajones del escritorio. Al firmar, noté una cláusula específica: cualquier filtración sobre el Agent-A o los procedimientos del laboratorio se pagaría con la muerte.

  ?A pesar de la calefacción, la habitación se sentía extremadamente fría. Firmé el documento sabiendo que, a partir de ese momento, mi silencio tenía un precio muy alto.

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