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-De Camino Al Dojo-

  La pizarra estaba llena.

  Y su mente estaba invadida.

  Símbolos, números, letras, paréntesis, fracciones... todo mezclado como si alguien hubiera decidido que el alfabeto y las matemáticas debían fusionarse en una sola cosa incomprensible.

  —Como pueden ver —decía el profesor mientras escribía otra línea interminable—, si despejamos "x" en función de la variable dependiente...

  Ella estaba sentada, con el lápiz en la mano... sin escribir nada.

  Miraba la pizarra con los ojos entrecerrados, como si al hacerlo los símbolos fueran a acomodarse solos en su cabeza.

  No funcionó.

  ?Por qué hay letras en los números...?

  En su cuaderno había intentado copiar la ecuación... pero a mitad de camino se había rendido. Ahora solo había un intento torcido que parecía más un garabato que otra cosa.

  Esto es un idioma secreto.

  Seguro los profesores se reúnen en la noche para inventar estos jeroglíficos...

  Apoyó la mejilla en su mano, suspirando muy despacio.

  No era que no quisiera entender.

  Lo intentaba.

  De verdad lo intentaba.

  Pero cada vez que veía esas ecuaciones largas... su mente simplemente se quedaba en blanco.

  Su mirada se perdió unos segundos mas en la pizarra.

  Catorce a?os...

  No recordaba casi nada de ellos.

  Solo fragmentos sueltos.

  Sensaciones.

  Dolor, entrenamiento, órdenes...

  Pero nada concreto que pudiera llamar "infancia".

  Tal vez por eso, a veces, todo lo normal se le hacía difícil.

  Parpadeó lentamente.

  Aunque esto sigue pareciendo un conjuro maldito.

  —Bien —la voz del profesor la sacó de su trance—. Entonces, Nyle.

  Silencio.

  ─Nyla─ corrigió en voz baja

  ─Nyla─ repitió el profesor

  Este sin darle mucha importancia siguio con su pregunta.

  —?Podrías resolver el siguiente paso de la ecuación?

  Su cola se quedó rígida detrás de la silla.

  El mundo se congeló.

  Nyla levantó la vista despacio.

  Todos la estaban mirando.

  Sel giró ligeramente la cabeza hacia ella, con una expresión que decía claramente:

  Te toca.

  Nyla abrió la boca.

  La cerró.

  Volvió a mirar la pizarra.

  Las letras seguían ahí.

  Inmutables.

  Indescifrables.

  Ok...

  Piensa... ?piensa!

  Solo parece difícil, ?debe tener sentido, no...?

  Tal vez si miro fijamente lo suficiente...

  Entrecerró los ojos.

  No.

  Sigue siendo un jeroglífico algebraico imposible.

  Su cola se movió apenas, nerviosa.

  —Eh... yo...

  Un segundo más y tendría que decir algo.

  Incluso estaba considerando responder con total seguridad algo completamente al azar solo para parecer convincente.

  Pero entonces...

  RIIIIING RIIIIING

  La campana sonó con fuerza por todo el colegio.

  Un coro celestial para sus oídos.

  El profesor suspiró.

  —Bien, continuaremos en la siguiente clase.

  Las sillas comenzaron a moverse, las conversaciones volvieron al instante y la tensión desapareció como si nunca hubiera existido.

  Nyla se dejó caer contra el respaldo de la silla.

  Gracias, campana divina.

  Sel se inclinó un poco hacia ella, susurrando con una sonrisa divertida.

  —Te salvaste por segundos.

  Nyla bufó suavemente, cruzándose de brazos.

  —No me salvé... solo estaba pensando la respuesta.

  —Ajá, claró.

  Sel no sonaba convencida en lo absoluto.

  Nyla desvió la mirada hacia la ventana, fingiendo indiferencia, aunque en el fondo una peque?a punzada incómoda persistía.

  No era tonta.

  Lo sabía.

  Podía memorizar técnicas complejas, reaccionar en combate en fracciones de segundo, interpretar símbolos mágicos antiguos sin equivocarse... pero una simple ecuación escolar la dejaba completamente perdida.

  Qué ironía...

  Se levantó lentamente de su asiento, estirando los brazos por encima de la cabeza con pereza.

  —Uf... recreo por fin.

  Y aunque su tono era relajado, en el fondo no podía evitar pensar, por un instante muy breve:

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  Si hubiera vivido esos catorce a?os como una persona normal...

  ?me serían más fáciles estas cosas?

  Sacudió levemente la cabeza, apartando el pensamiento.

  Nah.

  No vale la pena pensar en eso ahora.

  Esta rapidamente, se dirigio entre los largos pasillos al vestuario de chicas.

  Nyla empujó la puerta del vestuario con suavidad.

  El interior estaba casi vacío. El eco leve de sus propios pasos rebotó contra los casilleros mientras avanzaba hacia el suyo, con una sensación incómoda pegada a la nuca desde que había salido del aula.

  Silencio.

  Demasiado silencio.

  Se agachó para abrir su casillero y sacar sus prendas de entrenamiento, intentando ignorar esa opresión extra?a en el pecho.

  Qué raro.

  Normalmente, cuando había algo… distinto, lo sentía.

  Aunque fuera tenue.

  Aunque fuera débil.

  Como cuando percibía espíritus.

  No los veía del todo claro, solo sombras suaves, presencias que flotaban en los bordes de su visión. Algo natural para ella, algo que su raza simplemente… notaba.

  Pero ahora…

  Nada.

  Ni un rastro.

  Ni una vibración.

  Ni esa ligera presión en el aire que siempre anunciaba que “algo” estaba cerca.

  Sus orejas felinas se tensaron apenas.

  Entonces lo notó.

  A la izquierda.

  Un casillero más allá.

  Antes no había nadie ahí.

  Ahora sí.

  Una chica.

  De pie, en silencio, como si siempre hubiera estado allí.

  El corazón de Nyla dio un peque?o vuelco.

  No la sentí llegar.

  Su mirada se quedó fija unos segundos más de lo necesario. No parecía un espíritu. Tenía forma definida, sombra propia, peso en el suelo…

  Pero aun así…

  Algo no encajaba.

  El aire alrededor de esa chica se sentía… pesado.

  Denso.

  Como si aplastara lentamente sus sentidos.

  No era un espíritu.

  Pero tampoco se sentía como una persona normal.

  ?Entonces… qué…?

  Un escalofrío le recorrió la espalda.

  Su instinto dijo solo cosa. No te acerques.

  Nyla apartó la mirada de golpe, como si no hubiera visto nada. Metió las prendas en su mochila con movimientos rápidos, intentando mantener la respiración estable.

  Cerró el casillero.

  Clac.

  El sonido metálico resonó más fuerte de lo normal en su cabeza.

  Sin decir nada, sin cambiar su expresión, caminó hacia la salida del vestuario con paso firme… pero un poco más rápido de lo habitual.

  Sentía esa presencia en su espalda.

  Pesada.

  Inexplicable.

  Y lo que más le inquietaba no era verla…

  Sino no haberla sentido llegar.

  Tomó su mochila con torpedad.

  El patio del colegio se iba llenando de estudiantes, inundado de conversaciones, chismes, risas y juegos. Era la segunda hora de recreo, pero Nyla ya se preparaba para irse.

  Avanzaba en dirección a la puerta de salida, ajustándose la mochila.

  Uf... por fin me voy. Aunque aún me toca mi otro horario...

  De pronto, alguien la tomó del hombro, deteniéndola en seco.

  —??Um?! —Nyla se giró, sobresaltada. Aun tensa por lo anterior sucedido.

  —?Hey! ?Nyla, ya te vas? —Sel apareció frente a ella, mirándola con evidente curiosidad.

  —Pues sí, claro —respondió Nyla recuperando su tranquilidad.

  Sel hizo una pausa. La observó de arriba abajo... y su expresión cambió de golpe a una de pura preocupación.

  —??Quéee!? ?Acaso estás enferma? ?O herida? ?O te sientes mal? ?O...?

  Antes de que Nyla pudiera reaccionar, Sel ya estaba lanzando una avalancha de preguntas.

  —?O te mareaste? ?O no dormiste bien? ?O... o...?

  —?Ya! ?Ya, pará! —Nyla apoyó la mano en la cara de Sel para detenerla, con una sonrisa nerviosa.

  Verdad... no llevo mucho tiempo acá. Con razón no sabe.

  Y aun así... prefiero evitar contarlo todo el tiempo que pueda.

  —Tengo un horario especial... nada grave —dijo Nyla, intentando sonar relajada.

  —?Especial cómo? —Sel inclinó la cabeza, intrigada.

  —Compenso clases con otra cosa —respondió Nyla con sencillez, encogiéndose de hombros—. Es aburridoooo... en serio.

  —Me da igual si es aburrido, solo dímelo —insistió Sel, cruzándose de brazos.

  —Em... em... —Nyla desvió la mirada, claramente nerviosa.

  De pronto, miró su mu?eca con expresión alarmada.

  (No tenía reloj).

  —...

  —?Se me hace tarde! ?Adiós, Sel!

  Sin darle tiempo a responder, Nyla salió corriendo, levantando una mano a modo de despedida mientras se perdía entre la multitud.

  —...

  Aunque intentó convencerse de que era normal, se sintió forzada a dejar aquel bullicio lleno de risas, juegos y diversión. Como siempre, eso hizo que redujera el paso cuando ya estaba lejos del colegio.

  El ruido quedó atrás poco a poco, reemplazado por el sonido del viento... y sus propios pasos.

  Irse así siempre le chocaba un poco.

  Le parecía bien tomar un descanso.

  Giró por una calle secundaria y terminó sentándose en una peque?a banca junto a un parque casi vacío. Un par de hojas secas rodaban por el suelo.

  Nada más.

  Silencio.

  Genial... silencio.

  Dejó caer la mochila a su lado y se recostó hacia atrás, mirando el cielo entre las ramas de los árboles. Su cola se movía lentamente, sin prisa.

  ?Genial...?

  —?Genial, no...?

  Una peque?a hoja cayó suavemente sobre su frente, como si respondiera a su duda.

  La banca se sentia más vacía de lo esperado.

  Como si algo oprimiera su cabeza... su cuerpo... su mente.

  No sabía qué era, pero cada vez era como si la quisieran ahogar desde adentro.

  Sacó su teléfono. Lo miró.

  Ningún mensaje nuevo.

  El silencio volvió a envolverla.

  ?De verdad me ven como alguien rara?

  No me molesta ser rara...

  Pensó Nyla mientras observaba una foto: sus amigos del dojo, todos juntos... con ella en el centro, sonriendo.

  Su pulgar se detuvo sobre la pantalla.

  ?Solo existo para ellos cuando estamos entrenando...?

  Frunció levemente el ce?o.

  Nunca me llaman para salir en grupo.

  La sonrisa de la foto se veía genuina. Cálida. Cercana.

  Pero fuera de ese lugar...

  fuera de ese contexto...

  Era como si dejara de existir para ellos.

  Bloqueó el celular despacio.

  No es que me ignoren...

  solo... no piensan en mí

  —Eso creo... ojalá esté equivocada. Siempre lo estoy, ?no?

  ...

  Y eso dolía más de lo que quería admitir.

  Un grupo de jovenes pasó por la acera opuesta, riendo, empujándose, hablando de cosas sin importancia. Nyla giró un poco la cabeza, no para mirarles... sino para que no la vieran.

  Qué raro, ?no?

  Rodeada de gente todo el día... y aun así...

  Suspiró y se incorporó.

  Bueno. Ya está.

  Se levantó, ajustó la mochila sobre sus hombros y su expresión volvió a endurecerse, como si se colocara una máscara invisible.

  El entrenamiento no espera...

  Nyla retomó el camino, alejándose del parque, mientras el sonido de la ciudad quedaba atrás y el del mundo que realmente conocía comenzaba a acercarse.

  Nyla llegó a casa y cerró la puerta tras de sí.

  El silencio fue lo primero que la recibió.

  Um... verdad. Lily está en la escuela... y mis padres seguro trabajando.

  Se quedó de pie unos segundos en la entrada, sin moverse, escuchando nada más que ese mismo silencio pesado. Entonces lo notó.

  Una carta, sobre la mesa de la sala.

  Nyla se acercó con curiosidad y la tomó entre sus dedos.

  Um... ?qué será...?

  Desdobló el papel con cuidado.

  -------------------------------------------------------------------

  Hola, hija.

  Espero que estés teniendo un grandioso día.

  Como ya sabes, ni tu mamá ni yo pudimos quedarnos en casa, así que te pediré el favor de que recojas a Lily después de que termines tus horas en el dojo.

  Por cierto, te dejamos unos deliciosos bocadillos en la mesa. Tus preferidos, ya sabes, linda.

  —Papá.

  -------------------------------------------------------------------

  Nyla bajó lentamente la carta.

  ─Neh... siempre igual.

  Miró la mesa. Ahí estaban los bocadillos, perfectamente acomodados.

  Nyla se quedo viendo los bocadillos, ese vacío quieto inundaba sus pensamientos.

  La casa seguía en silencio.

  Me siento inquieta con este silencio.

  Toma un bocadillo inquieta de darle un buen mordisco.

  Suspiró, levantándose nuevamente.

  Bueno... primero el dojo.

  Guardó la carta con cuidado, como si esa carta la reconfortara.

  Nyla se dirigió a su cuarto mientras seguía comiendo su bocadillo de pan triple con atún.

  ─Umm...─ saboreó, moviendo levemente la cola─. Cómo me encanta estos bocadillos.

  Al entrar a su habitación, el silencio pesado de la casa quedó atrás. Ese espacio le resultaba familiar, cómodo.

  Dejó el envoltorio a un lado y comenzó a alistarse.

  ─Aún me pregunto si es normal tener una katana en casa... ─murmuró mientras abría el armario─. O si quiera seguro... jeje.

  Se cambió con rapidez, poniéndose su ropa de entrenamiento. Luego tomó su mochila, donde guardó ropa de cambio, y otra funda especial destinada únicamente a su katana.

  Todo estaba en su lugar.

  Como siempre.

  Nyla se colgó la mochila al hombro, tomó la funda del arma y respiró hondo.

  —?Ahora vamos por más! —dijo Nyla, recuperando esa positividad que tanto la caracteriza.

  He... que cosa mas tonta dije.

  =o=

  Una sonrisa se dibujó en su rostro mientras salía de la habitación, dejando atrás el silencio de la casa y avanzando con paso firme.

  Ya en la sala, Nyla se llevó una mano al bolsillo de su chaqueta. De ahí sacó una peque?a runa emitía un leve resplandor.

  La sostuvo entre sus dedos.

  ─Listo... vamos.

  La runa reaccionó y el aire frente a ella comenzó a distorsionarse. Un círculo luminoso se abrió con precisión, formando un portal.

  Ese tipo de runas no eran de uso común.

  No cualquiera podía crearlas ni activarlas. Eran artefactos entregados directamente por un sensei, vinculados al usuario mediante sellos mágicos para evitar cualquier tipo de manipulación externa. Solo quienes contaban con la confianza del dojo podían portarlas.

  El destino ya estaba fijado.

  La de Nyla llevaba directo al dojo Nekomori.

  Sin dudarlo, dio un paso al frente y atravesó el portal.

  El círculo se cerró tras ella, como si nunca hubiera existido.

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